Gracias, El Salvador
Tres continentes, 20+ años de carrera. Y un país pequeño que me marcó como pocos lugares en el mundo.
El Salvador no fue una etapa profesional. Fue una experiencia fenomenal que me cambió por dentro, con esa amabilidad que desarma.
Yo creía que el efectivo se gestionaba desde Finanzas. San Salvador me corrigió, sin dureza, casi sonriendo.
Benedikt Hoffmann, entonces CEO de Banco ProCredit en San Salvador, me empujó a comunicarme en español cuando ese idioma todavía no era mío. Me prestó la confianza que yo aún no me tenía. Hoy sé lo que me estaba entregando: la llave del país. Y el país, entero, se abrió.
Allí conocí a personas como José Benjamín García Portillo y David Quintanilla. Benjamín venía del cobro judicial y hoy construye sistemas para las personas. David, correcto y acogedor desde el primer día, se dedica a la auditoría. Ninguno de los dos vivía en mi mapa de Order-to-Cash. Los dos me enseñaron cosas que mi reporte de antigüedad de saldos no sabía.
Y fueron muchos más. Gente fenomenal en cada equipo, en cada piso, en cada almuerzo compartido. Aquí nombro a tres, pero pienso en todos.
Porque el efectivo no respeta departamentos. Nace en los datos del cliente, pasa por el límite de crédito, la entrega, la factura, el reclamo, y muere o revive en la llamada de cobro.
En América Latina aprendí la estación que faltaba en mis manuales: la Relación. La cortesía no es suavidad. Es información. Un cliente que confía te dice por qué no puede pagar antes de que el reporte lo sospeche. Y la confianza se abre en el idioma del cliente, no en el del manual.
El silencio se cobra interés compuesto. El cariño también, en sentido contrario.
Gracias, El Salvador: por la oportunidad, por el conocimiento, por la calidez con la que se me abrieron las puertas y el corazón. Lo que ese país sembró en mí sigue trabajando, todos los días.
Un abrazo enorme hasta el Pulgarcito de América. Pequeño en el mapa, gigante en el corazón!
Ilustración: generada por IA · Concepto: Anca Stephens